Barcelona, “La tierra maldita”

Juan Francisco Ferrándiz vuelve a la novela histórica con ‘La tierra maldita’, una trama de amores, secretos y venganzas en la Barcelona medieval del siglo IX.

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“Quería contar lo que pasó en Barcelona en el imperio carolingio”

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Ferrandiz Pascual Juan Francisco
Juan Francisco Ferrándiz, autor de ‘La tierra maldita’

Juan Francisco Ferrándiz (Cocentaina, Alicante, 1971) vuelve a la novela histórica con una trama de amores, secretos y venganzas en la Barcelona medieval del siglo IX. ‘La tierra maldita’ (Grijalbo) reúne a personajes imaginarios y reales en una ciudad a punto de desaparecer por las múltiples batallas en la llamada Marca Hispánica.

¿Qué tiene Barcelona que la hace tan literaria? Es escenario de múltiples novelas, ¿es por las calles, la historia?

Es una ciudad que tiene tantos prismas y se puede ver desde tantas caras distintas, que es como un arquetipo. Tenemos esa Barcelona que se ha visto en literatura muchas veces, la Barcelona medieval con su comercio, la de la burguesía, la modernista del siglo XIX, la de posguerra con una situación compleja…

Ahora vengo con ‘La tierra maldita’ con una Barcelona que se ha hecho muy poquito a nivel literario, una ciudad a punto de desaparecer en el siglo IX, porque también ha tenido esa cara, una ciudad postrada de apenas habitantes que para mí resultó fascinante. Creo que Barcelona es una ciudad icónica con muchas caras.

¿Tardaste más en documentarte o en escribir el libro?

Hubo una larga temporada de documentación, de casi un año sin escribir nada. Estaba tan fascinado con lo que me iba encontrando con los personajes y las situaciones que tenía dudas sobre qué contar. Había muchas cosas, era un escenario y un mundo casi fantástico. Al final escogí la historia del obispo Frodoí, y de otros personajes.

Estuve otro año escribiendo, pero al mismo tiempo que escribes te sigues documentando: miras cómo era esa comida, o de dónde venía ese queso y que características tenía… En las demás novelas compaginé el derecho, porque soy abogado, con la escritura. En esta lo arreglé, sin pedir excedencia, pero con un formato que me ha permitido estar disponible prácticamente todo el tiempo, me quedé con una cartera más pequeña, y me he dedicado en cuerpo y alma a este libro.

¿Qué inspiró ‘La tierra maldita’? ¿Los hechos reales, como la construcción de la catedral, o las historias de amor en un clima bélico?

Iba en búsqueda de algo épico, no sé si porque hemos salido un poco de la crisis, me sentía un poco épico, quizás también por mi especialidad, que es derecho concursal y financiero.

Buscaba una tierra legendaria, en libros, por Internet, y leí en un artículo un nombre que me captó: el Reino de la Gotia, que era una región que llamaban reino pero que nunca lo fue, que dependía de Francia y estaba al sur del Ródano.

En época de Carlomagno, que aún vivía, su hijo Luis el Piedoso expandió esa región hasta la Marca Hispánica, que hacía de frontera para que el Al-Andalus no subiera. No tenía muy claro que había pasado, pero me zambullí y quedé atrapado en ese mundo del siglo IX con restos de paganismo y con mucha violencia. En medio de la desolación, había una Barcelona que no tenía nada que ver con lo que había visto en otras novelas o películas. Tuve la sensación de que había llegado hasta donde quería y me dije, no salgo de aquí hasta que tenga una historia.

Aparecen mujeres de carácter muy fuerte, como la noble Goda, la tabernera Elisia o la camaleónica Rotel. ¿Encontraste en tu documentación a mujeres decisivas de la época, o es pura ficción?

En mi anterior libro, ‘La llamada de la sabiduría’, centraba la historia de la mujer a lo largo de la Historia. Mujeres fuertes las ha habido desde los orígenes, pero no ha quedado rastro. Tenemos filósofas; de hecho, el propio Sócrates se declaraba discípulo de una mujer.

Nunca he concebido la vida sin un papel preponderante de la mujer, y en literatura tampoco, pero una cosa es decirlo y otra anclarlo en una novela.

Hay un estudio jurídico sobre el año 1000 a partir de documentos que se han encontrado en lugares de la ciudad como la Catedral de Barcelona según el cual muchas mujeres vendían terrenos sin el consentimiento del marido, por lo que jurídicamente estaban mejor de lo que estarán en siglos posteriores. También ha habido escritoras. Para mí, es imprescindible que haya mujeres fuertes en una historia.

Las diferencias de clases están muy presentes en el libro, pero también hay nobles y plebeyos cuya amistad está por encima de eso. ¿Quisiste hacer un relato más humano en medio de esa Barcelona tan sangrienta?

Sí. Mi objetivo principal era zambullir al lector dentro de un ambiente en el que viviera la aventura como una inmersión en ese mundo. Veía necesario que hubiera historias de nobles y de plebeyos, pero no de forma individual, sino que estuviera todo enlazado, que tuvieran relación entre ellos.

Era una ciudad de poco más de 1.000 habitantes, hoy en día eso es una aldea en la que se conocen todos, entonces pensé que en una ciudad así era factible que tuvieran relación, aunque sólo fueran serviles.

También hay malvados entre los poderosos, como Bernat de Poitiers, y entre el pueblo, como el perverso Galí. ¿Huiste de la idea del pobre bueno y el rico malo?

En esta novela tenía claro que no quería hacer un melodrama que pudiera ser extrapolable a otro siglo u otro lugar. Quería contar lo que pasó en Barcelona y en el imperio carolingio en ese momento, y entramos en el terreno de que hay personajes reales. Los personajes no son blancos o negros, sino que hay grises, no necesitaba a una persona pobre buena con la que emocionarnos, está Galí, que sólo piensa en cómo sacar dinero. También está la dinastía de los Bosónidas, que existió. Había tantos datos históricos que no valía casi la pena inventar.

¿Qué simboliza Isembard de Tenes, tan honrado y valiente, en este caos de intereses y traiciones?

Hacía falta un arquetipo del héroe, de seguir ese camino universal desde la historia de los tiempos, que es el de acompañar a alguien que empieza desde cero y, con sus dificultades y sus altibajos, va subiendo. Tiene valores, aunque también se da la tesitura entre el amor y el honor.

La historia de su hermana, Rotel, al principio en mi mente era más típica, iba a ser la chica a la que iban a vender y se iba a someter al clásico noble abusón, una historia clásica de la mujer medieval, y prácticamente se me reveló ella a mí, hubo un encuentro personal entre el personaje y mío. Ella prefería el camino de la oscuridad y la compañía de serpientes y escorpiones antes que verse sometida.

Al principio de la novela narras una escena en que unos monjes socorren a los dos hermanos cuando son pequeños que hace que, de alguna manera, comprendas el camino que cada uno decide y a Rotel no se la ve tan mala.

De alguna manera empatizas con ella. No quería que fuera del todo mala, y de ahí volvemos a lo de que los personajes son más bien grises. Hay un momento en que ella siente piedad, pero el destino vuelve a darle fuerte, y se enfría del todo. Quería que el lector estuviera vinculado, que comprendiera que la vida, a veces, te pone en caminos oscuros, por circunstancias.

Plasmas muy bien el papel de la Iglesia a todos los niveles: en lo religioso y en lo político, entre los ricos y entre el pueblo llano. ¿Cómo marcó el obispo Frodoí la historia de Barcelona?

Me gustaba mucho ese tema porque era una manera de que apareciera la Iglesia, pero no del modo que suele aparecer en las novelas en siglos posteriores, que irá entrando más en un terreno moral. Aquí, la Iglesia todavía la formaban nobles prácticamente sin vocación. La ideología había quedado reducida a unos pocos monasterios.

Frodoí se calentará mucho la cabeza para salvar Barcelona, pero problemas de moralidad no tiene muchos. Es más un noble que un sacerdote, pero cuando llega a Barcelona se encuentra con el choque que hubo entre el ritual romano y el ritual mozárabe. Eso es una cosa que ocurrió a medida que se expande el reino carolingio.

Precisamente ese choque provoca que Frodoí vaya a ver al Rey, y vemos cómo le gustaba salirse con la suya. Eso, más un donativo del Rey y la fidelidad de Barcelona al Rey, hizo que Frodoí fuera un impulsor de algo que tardará siglos en madurar. Fue la salvación de Barcelona, una ciudad que pudo haber desaparecido como otras muchas de alrededor.

Creo que Frodoí tuvo un papel fundamental. El descubrimiento de los restos de Santa Eulalia, también documentado, paró una rebelión. No hubo represiones, es como si se dijera ‘Dios no quiere que hablemos de esto, es la voluntad de Dios’.

Los signos eran muy importantes y, según los historiadores, cuando aparecieron los huesos el orden quedó convulsionado. ‘La tierra maldita’ no es un melodrama del siglo IX, sino que jugamos con cosas que pasaron.

¿El origen del comercio de la sal de Cardona en esa época es real?

El comercio de la sal ya era anterior, las rutas seguían las líneas de los ríos Cardener y Llobregat, pero en aquella época estaba despoblado y era una tierra peligrosa. Las minas de sal estaban abandonadas, pero hay documentos históricos que indican que hubo un cierto comercio en el puerto de Barcelona, que estaba destruido prácticamente desde la época de la Barcino romana.

Hubo un pequeño comercio y unas décadas después va desapareciendo. Me muevo con indicios de desplazamientos y situo la historia de Goda que desde allí origina un incipiente comercio.

Eres abogado, ¿viene de ahí el conocimiento de las leyes de la Santa Sede, como la escena de la ‘recognitio’ con una prueba física terrible, las leyes de los godos, los visigodos y las costumbres reales?

La formación de abogado te permite moverte entre mucha documentación y de manera ágil, de ahí sí que coges músculo y aprendes a leer rápido entre líneas para encontrar datos. Me cunde a la hora de buscar en libros o en tesis doctorales, pero después hay una ficción personal. En mis historias, me gusta que aparezcan cosas del derecho porque está metido en las vidas y no se puede prescindir de él para hacer una inmersión de la época.

Desconocía el derecho godo, he tenido que estudiar libros del imperio carolingio, y ahí vienen sorpresas, como que en el derecho de entonces apenas se aplica la pena de muerte. Lo que existe es pena de esclavo: si debes dinero a alguien te conviertes en su esclavo, si cometes adulterio también. Yo interpreto que la despoblación era tal que no se podían ejecutar los unos a los otros, era mejor convertirlo en esclavo.

Uno de los descubrimientos del libro es que hay un 11 de septiembre muy importante, en 878, que nada tiene que ver con la Diada de Catalunya, pero que supuso un nuevo orden político en los condados de Barcelona. ¿Debería marcarse a fuego esa fecha en los libros de historia?

Yo creo que sí. Ahí paso algo fundamental: se consigue que el conde de Barcelona pueda, al morir, ceder el condado a su hijo, aunque el hijo tenga que ir a la corte a prestar vasallaje. Es el origen del feudalismo y se irán fundando casas de nobles que después dominarán territorios.

Aquí había condes godos, francos… pero aquí nadie quería venir, era una tierra maldita, pobre, sin apenas cultivo ni ganado, y la estrategia era clara: necesitamos un linaje, una familia que piense a largo plazo y que construya.

En cuanto Guifré el PIlós fue conde de Urgell, ya constan documentos en los que hizo una labor de repoblación. Los condes francos casi no venían aquí abajo y tener un conde de aquí hace que empiece a planificarse y es cuando la ciudad y los condados empiezan a tener esperanza.

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