Te quiero, pero…

Verás, eres un cielo. Tan entregado y atento, con esos comentarios ingeniosos que saben llevarme a tu terreno. Eres lo más. Pero no puedo. No me digas que quieres verme cada mañana. Por favor. No sabes de qué estás hablando. La verdad es que me gusta dormir con pijama, y si es invierno me pongo uno verde de franela y peucos de lana ¿Sorprendido? Pues no veas lo a gusto que estoy en mi sofá con mi vestimenta anti sex-appeal, tapada con la manta hasta las cejas. ¿A caso pensabas que estoy todos los días con lencería comestible? Quita, quita. Qué estrés. La verdad es que la mayoría de los días no sirvo ni para medio polvo. Por eso lo nuestro funciona así, porque es diferente, porque me convierto y me conviertes. Sacias mi ansiedad. Me acuesto loba y me levanto leona. Eres mi mejor dieta. Pero no podría soportarte dos días seguidos. Verás, no eres tú. Es mi estómago. Es lo que tiene comer mucha fibra, que provoca gases, y no hay mayor placer que dejarlos ir. Contigo al lado, no me parece adecuado. No me gusta ese nivel de confianza. Lo detesto. ¿Y el baño? Ay, no. No quiero que entres a lavarte los dientes y me veas sentada en la taza del váter bostezando, con los codos en las rodillas y aguantándome el careto. Adiós a los grandes momentos. ¿Y en la cama? A mí que me perdonen las feministas, pero yo no puedo estar con alguien si no estoy extremadamente bien depilada. Me da seguridad. ¿A caso crees que las ingles brasileñas se mantienen solas? Yo no tengo un culo de bebé por naturaleza. Torturas y pelos enquistados me cuesta. ¿Desagradable? Veo que empezamos a entendernos. Juntos perdería mi glamour, y a mí me gusta cómo me miras. Si me miraras de otra manera, normal, empezaría a dejarme, sería yo misma. Pero claro, no podrás entenderlo porque no podré explicártelo. ¿Cómo te voy a decir que no quiero vivir contigo por el gusto de tirarme un pedo? La verdad es que me gusta que planees tu vida conmigo, aunque te diga que no. Esta noche nos veremos. Sólo puede ir bien. Lo sé. Pero de nuevo mantendré ese aura de mujer que no te necesita. Porque es así. Ya elegí.

Ana Basanta

Ganadora del XVIII Certamen Cartas de Desamor

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