Novelas que navegan por el teatro

Hay grandes clásicos, como ‘Moby Dick’, que traspasan las páginas de la novela y se trasladan al escenario.

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Josep Maria Pou: “La parte oscura del capitán Ahab es el auténtico valor de ‘Moby Dick'”

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Josep Maria Pou. Foto de David RuanoJosep Maria Pou protagoniza ‘Moby Dick’ en el Teatro Goya/David Ruano

Josep Maria Pou se define como actor por encima de todo, no en vano hace 50 años que trabaja en teatro, cine y televisión, además de dirigir obras y reabrir el teatro Goya de Barcelona. Su vida gira en torno al espectáculo y en la última obra encarna el capitán Ahab en una versión de ‘Moby Dick’ en que la obsesión y la locura del protagonista son los ejes centrales.

Al principio de la obra se nos describe al capitán Ahab y su obsesión por la ballena blanca, pero también su humanidad, que es más imperceptible, ¿dónde radica esta humanidad?

Precisamente, el problema es que este hombre prescinde de su humanidad, de sus sentimientos y de sus relaciones afectivas. Estamos contando la historia de un hombre que lo sacrifica absolutamente todo a partir de su obsesión, que es matar a la ballena. Sabemos que existen su mujer y su hijo porque lo dice el narrador, pero él no se refiere. Sólo se habla en el encuentro con el otro barco cuando el otro capitán le recuerda ‘usted también tiene un hijo, capitán Ahab, tendría que ayudar’. Esta frase le hiere y por un momento le lleva a una especie de examen de conciencia. Es el único momento que lo recuerda y lo lamenta por aquella familia que ha dejado abandonada. Lo dice él mismo ‘Que desgraciado que soy que me casé con una mujer para dejarla a viuda al día siguiente, para no volver nunca más prácticamente’. Él es consciente.

Es una obra que transmite oscuridad. ¿Ha costado mucho ambientarla?

La obra puede sorprender porque mucha gente cree que conoce ‘Moby Dick’ y no es verdad, y yo entre ellos, hace muchos años, hasta que leí la novela entera. Hay mucha gente que ha leído ediciones abreviadas de ‘Moby Dick’ como una novela de aventuras donde se ha prescindido de esta parte oscura del capitán Ahab, que es el auténtico valor de la novela. El libro tiene muchos valores, pero hay algo fundamental por encima de todo, el personaje del capitán Ahab, que es un personaje loco, que vive en la oscuridad, que tiene una oscuridad de alma, es un hombre que está loco por la venganza, un egoísta brutal capaz de sacrificar una tripulación de 30 hombres y un pueblo entero si es necesario para conseguir su propósito, un hombre absolutamente atormentado que no hace más que dar vueltas a su tormento.

En la novela, Herman Melville lo describe como un hombre que casi no sale nunca de su cabina, que pocas veces los marineros lo ven paseando por cubierta, es un hombre casi fantasmal. Todo ello, tanto el director del espectáculo, Andrés Lima, como el autor de la versión, Juan Cavestany, como yo mismo es lo que queríamos hacer en este espectáculo.

No queríamos explicar cómo los pescadores cazan ballenas. A nosotros, lo que nos atrae, es contar la historia apasionante de este personaje llevado al límite, llevado al extremo. Se podría decir que todo el espectáculo está pasando en la cabeza del capitán Ahab, dentro de su mente atormentada y la oscuridad. Este barco está viajando hacia la muerte. A lo largo del espectáculo, el personaje Ahab, dice muchas veces ‘Este es un viaje hacia las tinieblas’. Esto es oscuridad.

¿Por qué el capitán Ahab es capaz de dar la vuelta al mundo persiguiendo a Moby Dick?

Por un sentimiento puramente de venganza. Él era un capitán que supongo que debía tener un recorrido normal, con cierto prestigio porque en aquellos momentos para ser capitán de un ballenero había que tener mucha experiencia y mucho prestigio, incluso pertenecer a una familia importante. No se habla de sus orígenes ni de su condición social, pero se sabe que en el mundo de los balleneros capitán no lo llega a ser cualquiera, y se supone que en esa carrera que había tenido antes del encuentro con Moby Dick era una persona muy normal y muy buen profesional.

Tuvo la desgracia de encontrarse, en uno de esos viajes de cacería de ballenas,a una ballena muy singular y muy especial, muy diferente de las otras. No estamos hablando de una ballena cualquiera, sino una ballena blanca, albina, lo que la hace absolutamente diferente de las otras. Y esta ballena tan rara se le comió una pierna y lo dejó sin pierna para toda la vida.

Este hombre ha generado una obsesión por la venganza. Ya sé que esto no es razonable, pero este hombre no sólo no se lo saca de la cabeza sino que además lo va alimentando y se transforma en un auténtico loco. Es la historia de una persona que está loca, no de una persona normal. No hay ningún comportamiento de él que se pueda explicar de manera razonable. Él identifica esta ballena con Leviatán, la ballena de la Biblia que a menudo se identifica con Satanás y él, de alguna manera, con su locura y su obsesión, se siente también con la obligación de librar a la humanidad del mal.

A veces el actor coge simpatía al personaje. ¿Ha sido complicado en esta obra?

Sí, ha sido complicado. Simpatía o empatía no puedes tener mucha, pero un actor debe tener la obligación de entender muy bien a su personaje porque si no, no lo puede explicar. No lo puede vivir y, en consecuencia, nunca lo explicará bien al espectador. En este sentido, sí que lo he entendido perfectamente, sus razonamientos y su obsesión, aunque me parece desmedida, pero en este mismo nivel de desmesura hay más personajes, de Shakespeare, por ejemplo. No está nada lejos de los celos que tiene Otelo para matar a su mujer. Es un personaje que está a la altura de las creaciones de la gran literatura universal por toda esta complejidad que tiene dentro.

A fuerza de convivir tanto con él desde el mismo el proceso de creación y aprender el texto de memoria, que en este caso es un esfuerzo importante porque es casi el 90 por ciento del texto y es un estilo literario muy barroco que cuesta mucho estudiar, a medida que haces tuyas sus palabras, forma parte de un proceso de identificación aunque no compartas lo que dice, llegas a entenderlo, que no significa tenerle simpatía.

Hay un momento, yo lo entiendo muy bien este hombre, que además es un hombre que se ha condenado a muerte y que sabe que es imposible que gane en esta lucha por la ballena. Va a matarse, a suicidarse, y condena a toda la tripulación. Tampoco tenemos que ir demasiado lejos, cuánta gente hay que es capaz o que le parece que debe sacrificar todo un pueblo por sus intereses personales. Todo lo que hay en el espectáculo del capitán Ahab es la esencia del capitán en la novela. No se ha quedado prácticamente nada fuera de lo que Melville habla del capitán Ahab.

Haces monólogos con un contenido muy duro y en toda la obra simulas tener una pierna amputada. ¿Acabas agotado físicamente después de cada función?

Sí, por supuesto. El nivel de entrega física y la dificultad física son grandes, pero nunca he hecho personajes fáciles. Sí que es verdad que es más cansado por los inconvenientes que tiene una pierna de madera que pesa unos kilos y el continuo desequilibrio arriba del escenario, que puedes caer en cualquier momento, que no estás cómodo, y que has de hablar sin parar y que es un hombre que no razona sino que llama sin parar como una bestia, y eso requiere unas condiciones de respiración y de resistencia física superiores a las de cualquier función normal. Me gusta plantearme retos, no sólo grandes en cuanto a texto sino en cuanto a interpretación. He tardado horas en recuperarme y no hago más que cuidarme la voz.

Obra Moby Dick. Foto de David RuanoEscena de ‘Moby Dick’ / David Ruano

Hace 50 años que estás en el escenario, ¿tienes predilección por algún tipo de obras o personajes?

No, asumo muy bien lo que me viene en estos 50 años que haré este octubre como actor profesional, además de lo que hice antes en teatro universitario y amateur. Hay personajes que han marcado más que otros, a mí me gusta recordar a aquellos personajes que te han ayudado a subir peldaños, que marcan tal vez el final de una etapa y el comienzo de otra.

En este aspecto, son 50 años y muchos personajes, pero diría que para mí fue fundamental cuando en los años 70 hice ‘Casa de muñecas’ de Ibsen como protagonista, que fue un descubrimiento a mí mismo hacia un cierto tipo de personaje muy complejo, o cuando hice ‘La verdad sospechosa’, un clásico español, y en los últimos tiempos funciones como ‘Celobert’, en el que hice teatro en catalán por primera vez, era un texto fundamental, no sólo por el catalán sino porque el personaje del empresario me marcó. También ‘El rey Lear’ o ‘La cabra’, donde un hombre de éxito aparentemente normal estaba enamorado de una cabra y follaba con una cabra. Nunca me he destacado por las funciones normalitas y de salir del teatro con un ‘jiji jaja’, siempre me he puesto retos dificilísimos porque creo que es una de las misiones del teatro.

Hace 10 años que reinauguraste el teatro Goya con ‘Los chicos de historia’ y eres director artístico, ¿qué balance haces de esta etapa?

Bien, contento. Inauguramos en septiembre de 2008 a partir de cero porque este teatro está construido sobre los restos del otro, que se derribó. Se ha creado un, yo creo, muy buen teatro y desde el primer momento que inauguramos el teatro yo lo entendí como una declaración de principios. La obra ‘Los chicos de historia’ hablaba precisamente del valor de la cultura, de leer, de la poesía, y además a la vez que comenzaba un nuevo teatro comenzaba la carrera de un grupo de jóvenes, esto fue hecho expresamente . A lo largo de estos diez años el público ha hecho suyo el teatro Goya de Barcelona. Es verdad que, como todos los teatros, algunas obras no han funcionado, y la mayoría han sido muy bien acogidas por el público. Las últimas cinco o seis temporadas han sido de éxito y hemos tenido la oportunidad al Goya de tener los mejores actores y los mejores directores. No me puedo quejar de ninguna manera.

¿Disfrutas más como director o como actor?

Lo tengo clarísimo, disfruto más como actor. He estado dirigiendo espectáculos, dirigiendo el teatro, también escribiendo, haciendo traducciones y otras cosas, pero yo soy actor por encima de todo porque me gusta contar historias y vivirlas. Dejaría automáticamente cualquier cosa que no me permitiera seguir siendo actor. El resto son complementos.

¿Qué preparas para después de ‘Moby Dick’?

No puedo ni pensar. ‘Moby Dick’ se empezó a gestar, se empezó a pensar cuando yo estaba haciendo ‘El rey Lear’. No quiero decir que haya estado treinta años para hacerlo, pero es un espectáculo que ya estaba en la cabeza y el proyecto se ha materializado en el último año. Nunca sabes qué llegará y qué no. No me lo he planteado nunca. ‘Sócrates’, el espectáculo que he hecho antes de que éste, ha durado dos años. Ahora que ya han pasado las primeras semanas de ‘Moby Dick’ hace prever larga vida y después de la temporada en Barcelona iremos por otros lugares de Catalunya y luego por Madrid y el resto de España, como siempre he hecho con todos los espectáculos.

No sé lo que haré después de un año, pero soy consciente de que 50 años de oficio no son en vano, son muchos, tal vez es el momento de tomar las cosas con cierto descanso y una cierta calma y quizás después estoy muy cansado. Igual llega una etapa de tomar un largo descanso.

 

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