Tania Padilla: “Escribimos para encontrarnos”

Tania Padilla ha ganado el Premio Ateneo Joven de Sevilla con ‘La torre invertida‘, una novela en la que la mentira y el engaño son los protagonistas, tanto en el presente como en el siglo pasado. Sofía Bernier, la protagonista, viaja a la ciudad portuguesa de Sintra y a la exótica mansión de la Quinta da Regaleira con el objetivo de inspirarse para una novela, pero su investigación le lleva también a descubrirse a de ella misma.

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¿Te confiesas una enamorada de Portugal?

Enamoradísima. Soy una loca de Portugal. La conozco bien y conozco a su gente. De hecho, cuando fui la Quinta por primera vez me dije ‘aquí hay una historia’, porque me impresionó mucho, sobre todo los jardines y la torre invertida. Hay dos torres, que son impresionantes, están en dos partes diferentes de los jardines, unos jardines que están en pendiente, y una torre comunica con la otra bajo tierra, como una especie de gruta.

El concepto de torre invertida es como un pozo. Cuesta trabajo imaginarlo, es como una torre al revés, una torre en negativo, una torre que va hacia abajo y es como un pozo con escaleras, con ventanas… Es un concepto muy extraño y sobre todo muy inútil porque es algo ornamental, como toda la casa, como toda la Quinta da Regaleira.

En ‘La torre invertida’ narras el encanto de Sintra y el romanticismo de Lisboa. ¿Son escenarios ideales para un escritor, como pretende la protagonista, Sofía Bernier?

Efectivamente, y sobre todo para un escritor idealista, para un escritor que busca esa proximidad con lo literario. Ahí conecta con Fernando Pessoa, un gran referente literario de Portugal, que también aparece en la novela. Portugal es una tierra mitificada y muy literaria que permite esa ensoñación. Lisboa es más bohemia, Sintra es una ciudad mágica, con esa proximidad del mar. Los templarios buscaron allí instalar un templo porque había algo mágico en la tierra, y más religiones, como los católicos, que levantaron sus templos, por el clima, por el mar y por todo. Yo creo que el visitante lo percibe.

Sofía lee ‘Anna Karenina’ y se siente, en parte, reflejada. ¿No sabía antes de leerlo que era una mujer insatisfecha? ¿Qué poder tiene un libro para descubrirse a uno mismo?

Sofía es una bibliotecaria, su conexión con el mundo son los libros, y quiere ser escritora. Al principio se nos presenta a Sofía leyendo ‘Anna Karenina’. En esa referencia inicial ella se mira a través de la literatura, se construye de alguna manera como personaje a partir de lo que está leyendo. Eso ya nos da a entender que Sofía es una persona que se sabe personaje, y eso lo vamos a encontrar a lo largo de la novela.

Los capítulos en los que aparece Sofía están escritos en primera persona y eso nos revela que la protagonista es también narradora. Es una novela metaliteraria, una novela histórica con ciertos tintes de thriller pero también una novela sobre cómo se escribe una novela, sobre ese proceso creativo.

Sofía es protagonista pero a la vez es escritora, o coautora en este caso conmigo. Muchas veces me preguntan ‘¿Tú eres Sofía?’. Pues en parte sí, porque yo vi la Quinta y me enamoré. Es como ese pequeño alter ego que está ahí, es un poco la Tania personaje.

¿Por qué quiere escribir Sofía?

Porque se busca a sí misma, que creo que es lo mismo por lo que quiero escribir yo. Creo que a los que nos gusta la literatura, escribimos para encontrarnos. De hecho, el viaje de investigación que hace ella a Sintra, es un viaje interior. Ella revisa su matrimonio, en primer lugar, porque está casada con un golfo pedante, y por otra parte, va a revisar su vida. Qué he hecho, qué he sacrificado, dónde estoy y a dónde voy. Y luego va tomando decisiones.

La propia investigación para su novela es una investigación sobre sí misma. Es una búsqueda interior. Y de ahí la idea de torre invertida, el descenso los infiernos. De hecho, la estructura de la novela está concebida como un descenso a los distintos círculos y también la idea de torre invertida es la idea del útero, de lo femenino.

¿De qué manera?

En la novela van a aparecer personajes femeninos que son muy fuertes. En primer lugar Sofía, y luego más adelante aparecen otros. En la trama histórica aparecen Minerva Rosenbaum y el hada Melusina, que es como su alter ego, que es un personaje mítico, histórico y femenino muy fuerte. Se ven continuamente asediados por la fuerza de lo masculino: mediante violaciones, mediante la seducción, mediante el acoso, que es la estrategia de lo masculino. Me gusta hacer una lectura feminista de mi novela, en el sentido de la torre invertida como símbolo de viaje interior y de lo femenino.

Hay muchos detalles en ‘La torre invertida’, como descripciones de ciudades y de la mansión de la Quinta da Regaleira. ¿Te has documentado mucho para hacer creíble la novela?

Sí, me gusta documentarme mucho en la novela histórica y de manera muy fiel para luego desechar muchas cosas. Hay aspectos que no sirven para la novela. Hay un capítulo más descriptivo de la Quinta, porque puede servir para acompañar al lector por ese deambular por los jardines, y sirve un poco de sustrato para la lectura, pero tampoco me gusta recrearme demasiado porque entiendo que el lector se puede cansar. Es muy literaria, pero también aparecen correos electrónicos entre los amantes, whatsapps, cartas del monarca portugués, y muchos tipos de discurso.

Sofía hace un doble viaje. El de Segovia a Portugal, y el de analizar su matrimonio desde la distancia. ¿Ese viaje físico es necesario para aislarse y ver con claridad qué quiere?

Sí. Yo creo que todo viajero, que no turista, lo hace. Decía Cervantes que leer y viajar nos hace discretos, y yo creo que el mejor adjetivo y que se usaba mucho en el siglo XVII es ser discreto, es decir, reflexionar, estar tranquilo, no ser una persona beligerante, sino ser retrospectivo y tolerar. Ser discreto. Y eso te lo da leer y viajar.

Sofía aprende a ser discreta, es decir, a ser una persona con buen juicio y con la mente clara. De repente, viaja y se da cuenta, o intuye, femeninamente, que su marido le está poniendo unos cuernos como unas catedrales. A partir de allí ella toma decisiones. Ella se replantea su vida, ¿qué hago yo con este tío que me sedujo, de alguna manera, intelectualmente, pero del que no estoy enamorada, o entiendo que me es infiel?

Entonces revisa su vida amorosa, pero revisa también las opciones que va a barajar a la hora de escribir su novela. Las grandes novelas son novelas de viajes: El Quijote, la Odisea, Los viajes de Gullivert… porque siempre que hay viaje de esos buenos, no turísticos, hay viaje interior. Viajar nos cambia.

¿Cómo es que las infidelidades de pareja duelen tanto en la vida y son tan atractivas en las novelas?

Porque somos muy morbosos. La novela tiene un punto catárquico que, como todos hemos sufrido eso o hemos tenido a alguien cercano que lo ha sufrido, nos encanta ver que le pasa a otro. Sabemos que es muy duro y cuando lo leemos tiene ese punto catárquico, de decir ‘me está pasando a mí, pero no me está pasando a mí’.

Mi novela es muy literaria pero tiene cosas muy folletinescas. Tiene muchas escenas de sexo explícito y tiene amor. Yo creo que el amor es un aliciente en la historia, y el gran conflicto es un triángulo amoroso. Un amorío o un desengaño amoroso o una infidelidad es fundamental para atrapar al lector, todo eso nos gusta.

¿Las mentiras enriquecen la historia en la novela?

Por supuesto. ‘La torre invertida’ es una novela sobre la mentira, en la que todos mienten: Sofía miente a su marido, éste por su puesto miente a Sofía, incluso la amante miente al profesor Kaufman. Todos se mienten entre sí para conseguir sus objetivos. No hay honestidad. Presento una visión negativa de la sociedad actual en la que no hay honestidad porque lo que importa es triunfar, el poder.

En la novela se plantea también el poder en el entorno académico, que conozco muy bien porque es en el que yo me muevo, y es que tiene mucho de novela de campus. Hay un catedrático que presiona sexualmente a una becaria y hay lucha de poder, que va más allá del dinero. Es un mundo en el que, como en el político, me atrevería a decir, importa el prestigio.

No tiene que ver con mi experiencia, pero sí con lo he visto. Soy filóloga, trabajo en un departamento de literatura y casi todo somos chicas. Los altos cargos son todo hombres y se han creado situaciones incómodas para nosotras.

La torre invertida es una metáfora del descenso a los infiernos. En el libro, este descenso a los infiernos, ¿es un juego de verdades y mentiras?

Es ese descenso a lo más rastrero de la condición humana. Simboliza la máscara que nos ponemos, para los demás y para nosotros. Ya lo decía el oráculo de Delfos, ‘Conócete a ti mismo’, eso debería regir nuestras vidas. Tienes que saber quién eres, y la gente vive sin saber quién es. Llega un momento en la novela que habla un poco de ese juego de verdades y mentiras, incluso a nosotros mismos, y al final es un descenso a los infiernos. Digo un descenso a los infiernos porque en la novela se plantea el tema de la violación, tanto en la trama pasada como en la actual, el sometimiento sexual.

La novela, ¿es también tu manera de reivindicar el feminismo?

Sí, aunque no me considero una escritora feminista. Lo que sí me ha interesado mucho es evidenciar, quizás por la vía de la fábula, experiencias personales que he vivido o que han vivido personas cercanas a mí, como puede ser desenvolverse en un mundo masculino. Más que de hombres y mujeres, se trata del paradigma masculino y femenino.

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